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14/02/2025

Love, love, love

 


El día de San Valentín y yo tenemos una relación complicada. Más bien complicadísima. 

Desde pequeña, he estado sometida a historias sobre el amor verdadero, encontronazos románticos y almas gemelas. Poco a poco, descubrí (de manera bastante brusca, todo hay que decirlo) que las cosas no son así en la vida real. 

Cuando llegó el momento de escribir, he de admitir que tenía el corazón roto y fue una de las cosas que superé gracias a mi mundo de Gingaria. Aunque intenté no volver a caer en la trampa de que mis historias siempre tuvieran que tener una pareja de por medio, resulta que soy una romántica empedernida y  no es tan sencillo.

La verdad es que me gusta experimentar al escribir parejas. ¿Cómo se llevan? ¿Quién da el primer paso? ¿Saben lo que sienten? Quizás sean como los Zemry y uno tenga que tener mucha paciencia con el otro, o como Danny y Christine, que se ponen rojos siempre que se ven. 

Y sí, quizás por ser hetero es lo que suelo escribir más, pero he ido ampliando mis horizontes y ahora sé más cosas sobre el mundo (y el amor, claro). Lo que yo consideraba amor a los 12 ha cambiado mucho, y sé que el amor puede venir de muchas formas diferentes. Poco a poco, he ido introduciendo otras clases de parejas en mis libros, y espero poder seguir haciéndolo. Al fin y al cabo, el amor es amor, ¿verdad? Y ya es bastante difícil de por sí encontrar a alguien que te quiera, así que no juzguemos.

Aquí os dejo algunas de mis historias de amor favoritas (por ahora, codazo, codazo, guiño, guiño):

-Aury

Zem y Aury se quedan solos en el castillo de Bokad, lo que permite que su relación florezca.

-Cuerpo B:

Nada de spoilers, sólo voy a decir que Christine y Danny son una de las parejas más monas, ¡y no os perdáis cómo se conocen (varias veces)! 

-Recolecciones y Preámbulos:

Hay muchas historias cortas sobre conexiones entre personas. Mi favorita tiene que ver con unos espejos.

-Gotxinka

Aunque va de muchos tipos de amor diferentes, la historia de Gertold y Anne aún es difícil de superar.

03/02/2025

Inseguridades

2010 vs 2020

 Hay una parte realmente cruel de ser un artista: no sentirse lo suficientemente bueno. 

Cuando me pongo a escribir un libro, me resulta fácil perderme en la emoción del momento. Por fin estoy escribiendo o a punto de escribir escenas que llevo muchísimo tiempo desarrollando en mi cabeza. Luego, claro está, hay escenas que conectan ésas con las siguientes. Y ahí empiezan los problemas.

Veréis, por muy desarrollada que esté la idea, siempre cambia algo. Puede ser un detalle o, de repente, que la escena ya no funcione. He llegado a cambiar finales de libros y eliminado capítulos por la misma razón. El libro que existe en mi cabeza no es el mismo que quedará en el cuaderno, al igual que no será el que quede publicado. De algo tiene que servir ser tan perfeccionista y, sobre todo, tan crítica con mi trabajo.

He tenido mis crisis con todos mis libros. Todos y cada uno. Antes o después. Incluso durante. Y aunque sé que esto también pasará, no deja de ser duro. Pensé que Zem no era lo bastante bueno, que en Gotxinka se notaría mi torpeza con los temas más serios, que Kylkos tenía un tono inconstante, que Cuerpo B era demasiado extraño y Aury aburrido. Una y otra vez, me ha asaltado ese pensamiento de no ser lo bastante buena, de que quizás nunca lo seré.

Es fácil compararse, sobre todo con otros. ¿Por qué ellos sí venden? ¿Por qué les publican sus libros? Y luego vienen las "respuestas", en las que no te dejas a ti mismo en un buen lugar. 

Lo que no es fácil es compararse con uno mismo. 

Dicen que, seas dibujante o escritor o cualquier tipo de creativo, no te gustará del todo lo que crees porque lo has hecho tú. Yo también dibujo, y he visto cómo obras de las que estaba muy orgullosa hace meses se me presentan de repente llenas de fallos. Pasa algo parecido con los libros. 

Por eso, aunque me cueste mucho (sobre todo si tengo un mal día o semana), tengo que aceptar ese sentimiento y recordarme que esto también pasará. Que volveré a estar orgullosa de mi trabajo, aunque sólo empiece por una pequeña escena, una frase o un personaje. Y, con el tiempo, podré pensar en mi libro como el producto de su momento, de lo que sentía, lo que me pasaba y lo que me gustaba o no. Será mejor o peor, pero sigue siendo uno de mis logros. Y eso ya tiene suficiente valor.