14/02/2025
Love, love, love
03/02/2025
Inseguridades
2010 vs 2020
Hay una parte realmente cruel de ser un artista: no sentirse lo suficientemente bueno.
Cuando me pongo a escribir un libro, me resulta fácil perderme en la emoción del momento. Por fin estoy escribiendo o a punto de escribir escenas que llevo muchísimo tiempo desarrollando en mi cabeza. Luego, claro está, hay escenas que conectan ésas con las siguientes. Y ahí empiezan los problemas.
Veréis, por muy desarrollada que esté la idea, siempre cambia algo. Puede ser un detalle o, de repente, que la escena ya no funcione. He llegado a cambiar finales de libros y eliminado capítulos por la misma razón. El libro que existe en mi cabeza no es el mismo que quedará en el cuaderno, al igual que no será el que quede publicado. De algo tiene que servir ser tan perfeccionista y, sobre todo, tan crítica con mi trabajo.
He tenido mis crisis con todos mis libros. Todos y cada uno. Antes o después. Incluso durante. Y aunque sé que esto también pasará, no deja de ser duro. Pensé que Zem no era lo bastante bueno, que en Gotxinka se notaría mi torpeza con los temas más serios, que Kylkos tenía un tono inconstante, que Cuerpo B era demasiado extraño y Aury aburrido. Una y otra vez, me ha asaltado ese pensamiento de no ser lo bastante buena, de que quizás nunca lo seré.
Es fácil compararse, sobre todo con otros. ¿Por qué ellos sí venden? ¿Por qué les publican sus libros? Y luego vienen las "respuestas", en las que no te dejas a ti mismo en un buen lugar.
Lo que no es fácil es compararse con uno mismo.
Dicen que, seas dibujante o escritor o cualquier tipo de creativo, no te gustará del todo lo que crees porque lo has hecho tú. Yo también dibujo, y he visto cómo obras de las que estaba muy orgullosa hace meses se me presentan de repente llenas de fallos. Pasa algo parecido con los libros.
Por eso, aunque me cueste mucho (sobre todo si tengo un mal día o semana), tengo que aceptar ese sentimiento y recordarme que esto también pasará. Que volveré a estar orgullosa de mi trabajo, aunque sólo empiece por una pequeña escena, una frase o un personaje. Y, con el tiempo, podré pensar en mi libro como el producto de su momento, de lo que sentía, lo que me pasaba y lo que me gustaba o no. Será mejor o peor, pero sigue siendo uno de mis logros. Y eso ya tiene suficiente valor.
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