Ya he hablado varias veces de mi sinestesia (el ver imágenes cuando escucho música), pero hoy quiero tratar otro tema.
Dicen que la inspiración te tiene que encontrar trabajando. Aunque puede ser algo cierto, creo que tanto la inspiración como el que sea más fácil conectar ideas se da en un ambiente relajado, en el que no hay que pensar.
Hace dos años, visité el Puy de Fou de Toledo por primera vez. Fue un día de agosto sorprendentemente templado y con una compañía inmejorable.
Siempre me ha apasionado todo lo medieval, así que un parque temático con castillo y todo me iba a gustar sí o sí.
La sorpresa llegó con El Último Cantar, el primer espectáculo que vimos. Narra la historia del Cid, con unos impresionantes decorados, magníficos vestidos... y fascinante música.
Fue ahí cuando me di cuenta de que la banda sonora de Nathan Stornetta ocultaba algo. Yo noto cuándo la música quiere decirme algo más, si activa esas zonas de mi cerebro que me quieren mostrar algo: una escena, un ambiente, etc.
Al regreso de mi excursión, busqué inmediatamente las canciones, las escuché todas y me hice mi propia playlist. En aquel momento, estaba trabajando en dos libros: Aury y otro del que aún no puedo hablar. Cuál fue mi sorpresa al visualizar el Castillo de Bokad y Zemry mientras escuchaba de nuevo la música, esta vez en la tranquilidad de mi casa (al menos por entonces).
Pocas veces, la música te da así de sopetón y te ayuda a escribir un libro. Ya me pasó con El Gran Showman aunque, en el caso de Aury, se trataba de una nueva versión de un libro ya escrito.
Espero poder volver pronto al Puy du Fou y descubrir algo nuevo.
PD: En esos momentos, estaba revisando Kylkos, y Allende la Mar Océana me ayudó con algunos detalles que se me habían pasado sobre los viajes en el mar.

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